De cartón, burbujitas y papel craft…

Por fin he sacado un huequecito para poder escribir una nueva entrada para vosotr@s con tranquilidad. Estas últimas semanas nuestro hogar se ha convertido en un carnaval de cajas de cartón, papel de burbujitas, craft, cordeles, etiquetas y cientos de nombres y direcciones bailando al ritmo de algunas de las canciones de Meraki Tanttak (hay que ensayar mucho, que enseguida toca grabar en el estudio y queremos que quede bonito bonito).
Un rincón cualquiera… y como este, muchos
Preparando paquetes…
Cuando imaginaba el momento de envío de ejemplares, pese a saber que iba a ser entretenido y demoraría un tiempo, no llegaba a darme cuenta de lo que suponía preparar de manera artesanal todos y cada uno de los ejemplares de los mecenas. Mira que hubo personas sensatas que me venían ya advirtiendo eso de simplificar, de no complicarme la vida con detalles que quedan bonitos pero que llevan mucho tiempo y luego apenas se aprecian. Pero debo confesar, he hecho oídos sordos, no he sido nada práctica. Hay muchos pasos que podría haberme saltado, como el de colorarle un cordel rodeando la caja, o colocarle una arandelita verde turquesa a conjunto con los colores del logo a la etiqueta que va colgando de la caja, o la propia etiqueta que está sellada con caracteres tipográficos metálicos del S.XIX. Nadie lo iba a imaginar, hasta ahora que lo cuento.

 

La belleza de lo imperfecto…
Podía haber aprendido a hacer etiquetas con el nombre y dirección de los mecenas e imprimirlas, hubiera sido sin duda muchísimo más práctico, pero no tendría ese encanto de la tinta sobre el papel craft, ese encanto de recibir un sobre algo más personal, con la caligrafía (pequeña e imperfecta) de alguien que te escribe como hacíamos con las cartas de antaño. Me hubiera perdido esas sensaciones de vuelta a la universidad cuando te salía el típico callo de escribano, esos momentos en los que leía y transcribía los nombres, las direcciones de cada un@ de l@s mecenas y me ponía a imaginarme qué sentiría cada destinatari@ al abrir el paquete… Entonces, ¡¿Cómo iba a privarme de ponerle todo el cariño a todas y cada una de las cajas?! Ese cariño a lo mejor no se ve, pero seguro que se siente aunque sea de manera muy sutil.

 

Cordeles esperando a su caja…
Hoy puedo decir que están todos y cada uno de los ejemplares de castellano en camino o ya en su destino. Os pido paciencia si tardan un poco, los hemos ido mandando escalonadamente, todo lo rápido que hemos podido. Los paquetes en euskera están a la espera de que aterrice por fin Tanttak desde la imprenta. Habíamos previsto que llegara antes, pero imagino que en verano las imprentas hacen lo que pueden, así que toca ser pacientes. Nos han dicho que esta semana seguro nos llegan, el jueves o el viernes. En cuanto estén me pongo a ello, además he pedido refuerzos para poder garantizar el mínimo tiempo posible de espera.
De nuevo tengo que agradecer a todas las personas los comentarios y valoraciones tan positivas que nos estáis haciendo llegar tanto por email, como por otras redes sociales y de manera más personal. Como siempre hemos dicho, lo hemos ido haciendo con mucho cariño y mimo. Estamos muy content@s del resultado y de que os guste. Hemos aprendido mucho en este proceso. Y seguimos aprendiendo. A mí me toca ahora aprender a disfrutar de la belleza de lo creado pese a sus pequeñas imperfecciones, porque aunque lo hemos mirado y remirado, siempre se cuela alguna cosilla y a los que somos un tanto “perfeccionistas”, ay! lo que escuece… pero este es un aprendizaje bonito, aprender a fijar la mirada en lo bello, en lo que suma, en lo que contiene alma y asumir que el “error” también es parte imprescindible de esa belleza.

 

 

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